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  • Licenciado en Derecho. Profesor en la Universidad Autonoma del Carmen y Universidad Interamericana para el Desarrollo. Asesor juridico en Derecho Aduanero y Comercio Exterior.

Deontología Jurídica

Wednesday 2 september 3 02 /09 /Set 20:25

CUALIDADES DEL ABOGADO


Estas son las cualidades más sobresalientes en el abogado:


a) Conocimientos


El abogado debe ser un hombre poseedor de conocimientos teóricos en el Derecho. Su capacidad reiterada no debe ser motivo de abandono.


b) Analista


El abogado debe ser una persona diestra en el manejo de la lógica para vencer y convencer. El análisis de la realidad planteada por quien requiere de sus servicios y el encuentro de las normas jurídicas aplicables para de allí llegar a una conclusión, representan una típica tarea silogística.


c) Experiencia


El abogado debe forjarse una experiencia valiosa, producto de un oportuno contacto con la realidad, mediante de una práctica jurídica.


d) Buena fe


El abogado debe de actuar de buena fe y debe creer en la buena fe de los demás, sin llegar al extremo de pecar de una confianza excesiva.


e) Honradez


El abogado debe ser un hombre honrado. Su probidad debe estar fuera de cualquier duda. Al abogado no le basta con ser honrado, debe parecerlo.


f) Equidad


El abogado debe ser poseedor de un buen criterio de equidad. Su pericia no deberá ser puesta jamás al servicio de las causas injustas.


g) Firmeza


El abogado debe ser una persona enérgica para insistir en sus reclamaciones con firmeza de carácter, sin llegar a violentar su lenguaje hablado o escrito.  La fuerza de los argumentos apoyará su energía.


h) Discreción


El abogado debe ser una persona discreta. Los secretos que lleguen a su conocimiento en el ejercicio de la profesión constituyen el secreto profesional.


i) Veracidad


El abogado debe ser una persona veraz. La veracidad es una virtud personal de gran valía pero, en el profesional del Derecho, debe constituir una norma de conducta cotidiana.


j) Ecuanimidad


El abogado ha de estar adornado con la cualidad de la ecuanimidad. Su serenidad debe fortalecerse para estar en aptitud de pasar por duras pruebas. Su entereza de espíritu, deberá darle la calma necesaria para reflexionar y hacer prevalecer el Derecho y la justicia.


k) Respeto


El abogado debe ser un individuo respetuoso de la investidura de toda autoridad representada en un momento dado por cualquier funcionario.


l) Práctico


El abogado debe desarrollar su sentido práctico. Ha de examinar las ventajas y los inconvenientes del procedimiento que ha de seguir y no habrá de penetrar en zonas difíciles cuando pueda evitarlo. No ha de olvidar que se puede ganar perdiendo más de lo que aparentemente se gana.


m) Negociador


Al lado del sentido práctico, se desenvuelve el sentido de la negociación. La parte contraria no debe considerarse forzosamente como enemiga irreconciliable. Toda transacción implica una concesión recíproca de respectivas prerrogativas.


n) Cortesía


El abogado debe rendir pleitesía a su propia dignidad. Para poder exigir el respeto a los demás, el abogado debe empezar por respetarse a sí mismo, y esto lo logrará si establece como norma de su vida el principio de no dañar jamás al prójimo.


“Alter non laedere”
(No dañar a otro)


ñ) Vocación


El abogado debe cultivar su vocación por la ciencia del Derecho y por el ejercicio de la profesión que ejerce. Una persona no debe permanecer un minuto en una labor que le desagrade, o para la que sienta que no tiene la debida aptitud.


o) Culto


El abogado debe ser un hombre culto. Su afán de saber no ha de abandonarlo. El fin de sus estudios oficiales no le limitan su posibilidad de aprendizaje cotidiano a través de los libros y acontecimientos trascendentes de su tiempo.


p) Lealtad


El abogado como hombre se debe a la obligación de lealtad. En él las exigencias de lealtad son mayores pues, es depositario de la confianza de quien le ha encargado la defensa de sus intereses.

q) Presentación


Si bien su sencillez o su personal manera de ser no le inclinan por el apego a las reglas de la moda, sí, en cambio, su investidura de profesional del Derecho, le exigen una correcta presentación en su actuación oficial.


r) Dinámico


El abogado ha de ser un hombre dinámico. La marcha de la justicia es lenta por naturaleza propia. Que su desgano no fomente esa lentitud y, mucho menos, que no vaya a poner en peligro la subsistencia de algún derecho de los que representa.


s) Ordenado


El abogado debe ser un hombre ordenado. La falta de metódica armonía en el manejo de varios asuntos de los que simultáneamente se ocupa, pone en peligro su buena actuación y de nada servirían sus grandes conocimientos ni sus magníficas intenciones.


Conclusión


En el enunciado de las cualidades que anteceden, hemos utilizado el nexo “debe ser”, porque estimamos que el abogado debe propender a esas cualidades y no esperar que le lleguen espontáneamente


 “Lo verdaderamente valioso en la vida es lo que se obtiene a través del esfuerzo, de la educación, de la voluntad que es la llave que abre las puertas de los anhelos que a veces parecen tan lejanos.”

 

(Sugerencia: Consultar el texto original)


Fuente: Manual del abogado. Autor Carlos Arellano García. Editorial Porrúa. 9ª Edición. 2008

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Wednesday 2 september 3 02 /09 /Set 20:14

MARCO ÉTICO

VALORES DE LA ABOGACÍA


- JUSTICIA

- SEGURIDAD JURÍDICA

- BIEN COMÚN

- VERDAD (HONESTIDAD)

- IMPARCIALIDAD

 

JUSTICIA.

Se define como “la constante y perpetua voluntad de dar a cada quien lo suyo” Ulpiano


Lo cual significa que a través su aplicación se considera a una persona como alguien a quien se le reconoce el valor intrínseco que como ser humano representa y, por tanto, se respeta “lo que es suyo”


La Justicia no es el dar o repartir cosas a la humanidad, sino el saber decidir a quien le pertenece esa cosa por derecho.


Es aquel sentimiento de rectitud que gobierna la conducta y hace acatar debidamente todo los derechos de los demás.


La justicia se representa por una mujer con los ojos vendados, con una balanza en una mano y una espada en la otra.


SEGURIDAD JURÍDICA

La seguridad jurídica es un principio universalmente reconocido del Derecho que se entiende como certeza práctica del Derecho, y representa la seguridad de que se conoce o puede conocer lo previsto como prohibido, mandado y permitido por el poder público respecto de uno para con los demás y de los demás para con uno.


La palabra seguridad proviene de securitas, la cual deriva del adjetivo securus (de secura) que, significa estar SEGUROS DE ALGO y libre de cuidados.


La seguridad jurídica es la garantía dada al individuo, por el Estado, de que su persona, sus bienes y sus derechos no serán violentados o que, si esto llegará a producirse, le serán asegurados por la sociedad, protección y reparación.


En resumen, la seguridad jurídica es la certeza que tiene el individuo de que su situación jurídica no será modificada más que por procedimientos regulares, y conductos establecidos previamente.


BIEN COMÚN

Es el conjunto de condiciones de la vida social que permiten que las asociaciones y cada uno de sus miembros alcancen de manera más fácil e íntegra la perfección que les corresponde.


Implica:


a) El conjunto de condiciones de la vida social:
estructuras, libertad, orden, seguridad, educación, empleo, salud (perfeccionamiento físico y espiritual), justicia, familia, vivienda, religión (el hombre tiene una dimensión sobrenatural que es preciso desarrollar);


b) Asociaciones y cada uno de sus miembros
: integrantes
de la sociedad agrupados o individualmente;


c) El logro de su propia perfección: plenitud de las potencias.


Son cuatro los elementos que constituyen el Bien Común:


1.- Las condiciones sociales de paz, justicia y libertad;

2.- Un conjunto de bienes materiales, educativos, religiosos;

3.- Equidad en el reparto de esos bienes; y

4.- Una adecuada organización social


El abogado, para la realización del Bien Común, en el seguimiento de un asunto o en la defensa de su cliente, debe equilibrar los valores de la sociedad y los del individuo y de este último, analizándolo y defendiéndolo en su conjunto y no en sus partes individuales, es decir, sus aspectos económico, familiar, social y religioso.


VERDAD (HONESTIDAD)

La verdad es la realidad de las cosas: “Moralmente, es la conformidad de la palabra con la idea del que habla, o sea, la expresión sincera de lo que uno siente en su interior”


El
significado de la palabra verdad abarca desde la honestidad, la buena fe y la sinceridad en general, hasta el acuerdo de los conceptos con las cosas, los hechos o la realidad en particular.


Para ser Honesto hace falta ser sinceros en todo lo que decimos; fieles a las promesas hechas en el matrimonio, en la empresa o negocio en el que trabajamos y con las personas que participan de la misma labor; actuando justamente en el comercio y en las
opiniones que damos respecto a los demás. Todos esperan de nosotros un comportamiento serio, correcto, justo, desinteresado, con espíritu de servicio, pues saben que siempre damos un poco más de lo esperado.


Si queremos ser Honestos, debemos empezar por enfrentar con valor nuestros defectos y buscando la manera más eficaz de superarlos, con acciones que nos lleven a mejorar todo aquello que afecta a nuestra persona y como consecuencia a nuestros semejantes, rectificando cada vez que nos equivocamos y cumpliendo con nuestro deber en las labores grandes y pequeñas sin hacer distinción.


Las relaciones en un ambiente de confianza conducen a la mejora personal y ajena, pues si en todo momento se obra con rectitud, se aprende a vivir como hombre de bien.


¿Qué busca un juez sino la verdad para la aplicación del derecho?


Asimismo el cliente busca que su abogado le hable con sinceridad.


Lo contrario a la verdad es la mentira, la hipocresía, la jactancia o la simulación.


La indiscreción a la verdad, es decir cuando no se guarda el secreto profesional, provoca el escándalo o la difamación.


IMPARCIALIDAD

IMPARCIALIDAD: Aplicar la justicia, la rectitud y la equidad en todos las facetas de nuestra vida.


No hacer ninguna distinción de nacionalidad, raza, condición social ni credo político.


La imparcialidad en su más auténtica acepción impone que se prescinda de las distinciones subjetivas.


Aunque la necesidad de “conservar la confianza de todos” es atributo de la neutralidad, ese imperativo se aplica también al principio de la imparcialidad. Sólo una acción imparcial puede proyectar la imagen de uno mismo en la que pueden confiar las personas que necesitan ayuda o protección.


La imparcialidad no significa el no ser parte. La imparcialidad es una especie determinada de motivación, consistente en que la declaración o intención se orienta en el deseo de decir la verdad, de discernir con exactitud, de resolver justamente una situación.


La imparcialidad consiste en poner entre paréntesis todas las consideraciones subjetivas que puedan atarnos la capacidad de obrar adecuadamente.  


“La imparcialidad es la falta de designio anticipado o de prevención a favor o en contra de personas o cosas, de que resulta poderse juzgar o proceder con rectitud”


Lo contrario de la imparcialidad es la corrupción y si ésta se da por dinero se denomina soborno.


Antivalores:


a)      La sed desmedida de ganar dinero

b)      El activismo (a favor de una postura particular)

c)      Las intrigas

d)      Las recomendaciones

e)      La divulgación de secretos

f)        La falta de preparación teórica y práctica

g)      El deseo desmedido de ser reconocido


Fuentes:

Nota: PÉREZ FERNÁNDEZ DEL CASTILLO, Bernardo, Deontología jurídica. Ética del abogado, Ed. Porrúa, 5ª ed., México 2000.

 

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Wednesday 26 august 3 26 /08 /Ago 20:42

DEONTOLOGÍA JURÍDICA

 

TEMA III

LA ABOGACÍA

 

3.1    Historia

3.2   Edad Media

3.3   España

3.4   México Independiente

3.5   México Actual

          3.5.1   Panorama de la abogacía

          3.5.2  Especializaciones en el derecho

          3.5.3  Funciones del abogado

          3.5.4  La abogacía, profesión universal

 

 

                El término abogado se origina  del latín advocatus, que significa, la persona que aboga o defiende los intereses de los litigantes, y también asesora sobre cuestiones jurídicas.  Igualmente deriva de bozero, al cual se alude en las Siete Partidas, redactada por Alfonso X “El Sabio” (1252-1284).  En ese entonces el abogado no sólo era un respetado conocedor de la ley, sino que para hacer valer el derecho, practicaba el arte de la palabra, ya fuera de manera escrita o hablada.  También, el abogado es aquel que habla o pide por otros, el que conoce las leyes y sus fundamentos y práctica tales conocimientos al servicio de los demás. Si no existiera esta profesión, quienes ignoran las disposiciones jurídicas no sabrían cómo defenderse y ello provocaría múltiples injusticias; en los juicios no se presentarían en forma clara los hechos y las pruebas, y la labor del juez se complicaría al momento de dictar sentencias.

 

Historia

Roma

                En un principio, en Roma, para ejercer la actividad de abogado no se requería título alguno; únicamente era necesario contar con el reconocimiento de sabiduría jurídica, la cual adquirían bajo la dirección de un maestro que les enseñaba e inducía en las ideas de Gayo, Ulpiano, Paulo y Papiniano, razón por la cual se les daba el nombre de jurisconsulti, pero si intervenían por otros se les denominaba patroni o causidici.  En el Digesto se afirma que “El papel de un abogado es exponer ante el juez competente su deseo o la demanda de un amigo, o bien combatir la pretensión de otro”.

De Roma provienen los nombres de ilustres abogados como Ibeo, Hortensio, Scavola, Cicerón y otros.

En esta misma obra (Digesto) se habla de quiénes y cómo podían ser abogados:

Debemos considerar abogados a los que se dedican a la defensa de las causas; no se tendrá por abogados, sin embargo, a los que suelen recibir algo por su consulta sin intervenir en las causas (50, 13, 1)

“Abogar” es exponer ante el magistrado jurisdiccional la pretensión propia o la de un amigo, o rebatir la pretensión de otro (3, 1, 1, 2)

 

Edad Media

                A finales de la Edad Media se crean algunas universidades: de 1100 a 1180 la de Bolonia, en donde Irnerio (jurista italiano) y Graciano (monje jurista) fungieron como maestros de derecho; el primero logró la autonomía definitiva del estudio y enseñanza del derecho.  En 1200 la Universidad de París con estudios de Teología y Derecho Canónico.  En 1215 la de Salamanca en donde se establecen los estudios de derecho.  De esta manera continúan la de Padua, Nápoles y otras.

 

España

                En las Siete Partidas, se describe al abogado como el “hombre que razona pleitos de otro en juicio, o el suyo mismo, demandando o respondiendo”.

                Sobre los requisitos para ejercer ésta profesión, establecía: “todo hombre que fuere sabedor de derecho, o del fuero o de la costumbre de la tierra, porque la haya usado en gran tiempo, puede ser abogado de otro”.

                Para evitar a los “estorbadores y embargadores de los pleitos” disponía que sólo podían practicar la abogacía aquellos quienes “inscribieren sus nombre en el libro de registro” por haber acreditado ante los jueces ser “sabedores de derecho”.

 

 Virreinato


                En la Nueva España, recién consumada la Conquista, en 1527 Hernán Cortés solicita al rey Carlos I de España que no se aceptaren abogados en las tierras descubiertas, pues “por parte de los conquistadores y pobladores de la dicha tierra, nos ha sido hecha relación que de haber en ellas letrados y procuradores se siguen muchos males”.  A lo que rey contestó: “pero que de no los haber, nacen otros inconvenientes y es que muchos dejan perder sus causas por no saber pedir ni defender su justicia...”.

                En 1551 se funda la Real y Pontificia Universidad de México, con el establecimiento de Facultades de Cánones y Leyes.

                El 21 de junio de 1760, Carlos III expide una cédula mediante la cual aprueba los estatutos y constituciones del “Ilustre y Real Colegio de Abogados de México”.  En dichos estatutos se establecía la colegiación obligatoria, es decir, que a quien no hubiese sido miembro de la institución no se le permitiría ejercer la abogacía en la Corte.

 
México Independiente

       
          Durante la Colonia y principios del México Independiente para ser abogado se requería:

1.       Edad competente.

2.       Estudios y práctica correspondiente.

3.       Calificación o habilitación de la legítima autoridad.


          Con respecto al primer requisito sólo se exigía edad mínima de 17 años. El segundo y tercero se acreditaban presentando ante la Escribanía de Cámara de la Audiencia su grado, certificación jurada por letrado conocido de haber practicado cuatro años y la fe de bautismo legalizada.


                A partir de 1830, los pretendientes a ejercer la abogacía debían:

1.       Presentarse a la Corte Suprema de Justicia con su título de bachiller y certificación jurada por letrado y por la Academia Teórico Práctica de haber practicado tres años.

2.       Con esta solicitud y documentos dar vista al fiscal, quien de no haber inconveniente se daba por citado y enviaba oficio al rector para proceder al examen.

3.       Recibido por el rector, se realizaba el examen en los términos de los Estatutos del Colegio, y devueltas por éste las diligencias con la censura del examinado, se informaba de todo a la Corte Suprema.

4.       Enseguida el mismo pretendiente concurría al Tribunal para sacar autos y ser allí vuelto a examinar.

5.       El Presidente de la Sala indicaba los autos que se le debían entregar y recibidos por el examinado, los guardaba por el término de 48 horas.

6.       Cumplido este término, se presentaba al Tribunal en donde “hace en él una relación ligera, escrita y en castellano, de la materia y trámites del negocio que se le entregó, acabando con dar su resolución; después de lo cual los Ministros de la Sala, comenzando por el menos antiguo, le hacen las preguntas que les parece, bien sobre el caso de pleito o sobre otros puntos generales de teórica o de práctica”.

7.       Concluido el examen los sinodales a puerta cerrada lo calificaban.  Si el pretendiente era aprobado el presidente le manifestaba que podía ejercer la abogacía. Y acto continuo rendía protesta.

 

México Actual

                El 2 de diciembre de 1867 se funda la Escuela de Jurisprudencia y se instala en el edificio de San Ildenfonso. En marzo de 1951 y con la creación de los curso de doctorado, esta institución fue elevada al rango de Facultad de Derecho.

                En cuanto a las actividades de la Escuela Libre de Derecho en el Distrito Federal, éstas se inician en 1912 bajo los auspicios del Ilustre y Nacional Colegio de Abogados.  Más tarde se observa que la enseñanza del derecho se multiplica apareciendo una gran cantidad de instituciones educativas, como: La Universidad Iberoamericana en 1945, El Instituto tecnológico Autónomo de México en 1946, Universidad La Salle en 1962 y la Universidad Anáhuac en 1967, entre otras.

 

Panorama de la Abogacía

                Existen tres perspectivas desde las cuales se puede analizar la deontología del abogado.


1.       La extensión territorial de las diversas especializaciones que ahora abarca el derecho.

2.       Las distintas funciones que pueden desempeñar los abogados.

3.       La carrera “universal” de la que egresaban tanto los funcionarios públicos, como los empresarios, los humanistas, los historiadores, los filósofos, los jueces, los economistas, etc.

 

                1. Especializaciones en el derecho


                Con el tiempo el campo del derecho se ha expandido y multiplicado ampliamente con materias que antes no se reglamentaban, y en consecuencia se han creado diversas especialidades.

                Su ampliación y crecimiento, el aumento de la población y de sus necesidades jurídicas, la creciente complejidad de las relaciones humanas y en ocasiones el cambio veloz de las costumbres y hábitos, han hecho que la actividad del abogado se expanda vertiginosamente.  Ahora existe el derecho del niño y los derechos de la mujer que antes no se contemplaban como tales porque niños y mujer tenían en casi todos los sentidos sus derechos tutelados por el paterfamilias.  No sólo se ha legislado con mayor precisión en ciertas áreas donde antes bastaba uno, dos o tres artículos, sino que esta tendencia a fragmentar, multiplicar y expandir la legislación continúa.  Hubo necesidad de un derecho de los pueblos indígenas, un derecho de la gente que se considera marginada en cuanto a sus preferencias sexuales.

                Aunque todos los abogados deben conocer perfectamente nuestra Constitución Política, ya hay quienes se especializan en su historia, sus antecedentes, sus reformas y las causas sociopolíticas que la motivaron, por lo que ha surgido la especialidad en derecho constitucional.  También hay quienes se consagran y aplican al derecho civil o al derecho penal o al mercantil o fiscal, administrativo, procesal, internacional público y privado, derecho del mar, militar, laboral, etcétera.

               

                2. Funciones del jurista.


                Entre los juristas hay funciones diferentes que dividen el ejercicio profesional en diversos subgrupos.

1.       Juristas que pertenecen a la judicatura: ministros, magistrados, jueces, secretarios y actuarios de juzgado.

2.       Juristas legisladores.

3.       Notarios.

4.       Agentes del Ministerio.

5.       Abogados defensores de oficio.

6.       Los postulantes.

7.       Los litigantes o procuradores que representan a las personas en los juicios y procedimientos.

               

                3. El jurista, profesión universal.

               
               Durante mucho tiempo, los humanistas egresaban de las filas de los juristas; los estudios de derecho permitían y ayudaban a que una persona se desarrollara como político, financiero, negociante, escritor, economista, funcionario público y, en todo caso compaginaban cualquiera de estas actividades con la de jurista.

                Hace una cuantas décadas economistas, políticos, educadores, psicólogos, sociólogos debían tener su título de licenciado en derecho; una vez obtenido éste, comenzaban sus estudios o la práctica de carreras tan diferentes como la de historiador, economista o funcionario público.

 

                4. El jurista al servicio del hombre.

               
               La actividad del licenciado en derecho, responde a la aspiración universal de todo ser humano, de satisfacer las necesidades de justicia, seguridad jurídica, certeza, bien común y verdad, pues proporciona tranquilidad y certeza a los ciudadanos. Es por ello que para el desarrollo de esta actividad se requiere tener vocación, conocimientos teóricos, el arte de hacer bien las cosas, la ética y su realización.

 

Glosario

Advocatus: Derivó de la expresión latina “ad auxilium vocatus” (“el llamado para auxiliar”). En Roma un acusado llamaba a un defensor experto en la materia jurídica para que lo ayudara a defender su causa.  Entonces era que le hablaban al abogado.

 

Cánones: Conjunto de normas o reglas establecidas por la costumbre como propias de cualquier actividad.

 

El Digesto (o Pandectas): Es una obra jurídica publicada en el año 533 dC. por el Emperador Bizantino Justiniano.  Éste decidió reunir en una sola obra las sentencias de los jurisconsultos clásicos, es decir que el Digesto es una recopilación de la jurisprudencia romana clásica.  De las obras de Ulpiano proviene un tercio del Digesto mientras que de Paulo una sexta parte, seguido de otro número de jurisconsultos clásicos romanos.  La obra consta de 50 libros, distribuidos en títulos, estos en fragmentos y los fragmentos en parágrafos. Por evidencia del contenido, suelen distribuirse así los distintos libros del Digesto: I. Parte General,    II. Derechos Reales, III. Obligaciones, IV. Derechos Personales, V. Derecho Sucesorio, VI. Derecho Procesal, VII. Obligaciones Especiales, VIII. Derecho Penal, y IX. Derecho Público.

 

Las Siete Partidas: Es un cuerpo normativo redactado en la región de Castilla España, durante el reinado de Alfonso X (1252-1284), con el objeto de conseguir una cierta uniformidad jurídica del Reino.  Esta obra se considera el legado más importante de España a la historia del derecho, al ser el cuerpo jurídico de más amplia y larga vigencia en Iberoamérica (hasta el siglo XIX).

 

Litigante: Se aplica a la persona o a la institución que se enfrenta a otra persona o institución en un juicio. Parte (Derecho).

 

Postulante: Candidato, aspirante a un cargo.

 

Procurador: Der. Profesional del derecho que, en virtud de apoderamiento, ejerce ante juzgados y tribunales la representación procesal de cada parte.

 

 

Fuentes:

Nota: PÉREZ FERNÁNDEZ DEL CASTILLO, Bernardo, Deontología jurídica. Ética del abogado, Ed. Porrúa, 5ª ed., México 2000, págs. 19 a 40.

 http://es.wikipedia.org/wiki/

 http://es.thefreedictionary.com/litigante

 http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA

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Friday 21 august 5 21 /08 /Ago 19:45

DEONTOLOGÍA JURÍDICA

 TEMA II

LAS PROFESIONES

 

 

2.1    Significado de la palabra profesión

2.2    Historia de las profesiones

2.3    Características generales de las profesiones

         2.3.1   Carácter intelectual, científico y humanista de las profesiones

         2.3.2   Constancia y permanencia

         2.3.3   Vocación profesional del servicio

         2.3.4   Independencia y libertad de contratación

         2.3.5   La tradición

         2.3.6   Colegiación

         2.3.7   Nivel profesional

 

 

2.1    SIGNIFICADO DE LA PALABRA PROFESIÓN


                El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española apunta que el vocablo profesión proviene de professio, es decir “acción y efecto de profesar”, pero también significa “empleo, facultad u oficio que cada uno tiene y ejerce públicamente”. El término profesor deriva de la misma raíz; es la persona que “profesa” una ciencia e igualmente quien la enseña en público. De esta forma el profesional lleva a cabo labores de carácter público: no hay consultorio médico que no esté a la vista de quien lo necesite ni abogado que no ejerza su actividad como tal en un despacho abierto a cuentos requieran de sus servicios.

 

                Así pues, el profesional realiza una función social reconocida, pública y reglamentada; al momento de recibir su título, jura (protesta) comportarse bajo ciertos lineamientos éticos y morales bien concretos. Esta tradición contempla no sólo su actuación profesional, sino al mismo tiempo su conducta en la vida privada. Lo anterior de hecho establece la diferencia entre profesión y un oficio. En la primera el individuo “protesta” adecuar su comportamiento personal a una cierta ética, en tanto en el segundo no se plantea la existencia de algún contenido moral, aunque sí involucra el compromiso para realizar una labor técnica o artesanal bien ejecutada. En otras palabras, la moral del oficial se reduce a procurar hacer bien las cosas, mientras que la preparación del profesional le exige elaborarlas no sólo correcta y eficazmente, sino asimismo sostenidas en determinados principios morales.

 

 

2.2      HISTORIA DE LAS PROFESIONES


                Las sociedades desde antiguo percibieron, en el ejercicio de ciertas profesiones, que su conocimiento y aplicación podían generar el bien común, una riqueza social de la mayor estima. Para tal efecto se hizo indispensable, desde luego, la preparación intelectual del hombre que ejercía una labor, sobre todo de aquellas con un valor que consideraron superior a las demás actividades y oficios.

 

                En un principio los profesionales eran prácticos; sus estudios o funciones las realizaban en forma autodidacta y, en algunos casos, abarcaban diversos campos del saber. Leonardo Da Vinci, por ejemplo, se desempeñó como pintor, escultor, constructor e inventor. En América al inicio de la Colonia, muchas veces las circunstancias orillaban a un simple peluquero o barbero a convertirse en dentista, en ocasiones en químico y hasta en médico y cirujano. Sin embargo, con el paso del tiempo, fue necesaria la creación de planes de estudio metódicos y especializados que permitieran a los estudiantes acreditar sus conocimientos y recibir así el correspondiente título profesional. Una de las primeras ciencias en enfrentar tal problemática fue la medicina, cuyo ejercicio adquirió mayor notoriedad y reconocimiento al establecerse una institución denominada “Protomedicato”, encargada de constatar la preparación de quienes se dedicaban a esa actividad.

 

                En la Universidad de México, de las carreras profesionales que desde el siglo XVI se impartían en ella, como teología, Sagradas Escrituras, derecho canónico, derecho romano, artes (incluida en ella la medicina), retórica y gramática, ahora se han reducido a las de derecho y medicina. En el caso de la abogacía no era suficiente con haber cursado en dicha institución los estudios respectivos, sino que quien se graduaba apenas había resuelto la mitad de los requisitos para ejercer la profesión, ya que era además imprescindible practicar el derecho mediante su incorporación en un despacho; al final de tal práctica se le sometía a un nuevo examen ante las autoridades judiciales. Así pues, un abogado debía estudiar mucho, pero también ejercer su profesión, razón por la cual el ejercicio de esta actividad se estimaba más valioso que cualquier otro.

 

                Posteriormente, en el siglo XVIII, la Ilustración trajo consigo a los enciclopedistas y humanistas, y fue grande el auge que cobraron los conocimientos de orden práctico, revalorándose las ciencias y los conocimientos de orden práctico, revalorándose ciencias y conocimientos. Ahora bien, dado que entonces no existían conceptos como “investigador de tiempo completo” o “especialista” en tal o cual materia, los profesionales producían cada vez con mayor celeridad y eficiencia el conocimientos científico y técnico necesarios que los nuevos tiempos requerían. Por otro lado, debido a la diversificación de las ciencias, fue menester imponer una regulación a las profesiones. No era para menos; piénsese en el cada vez mayor número de pacientes que depositaban en un médico su confianza, su salud y hasta la propia vida; y por lo que a los abogados concernía, los clientes les encomendaban toda o buena parte de su patrimonio, en que ocasiones incluía el de varias generaciones. Aun hoy, más que nunca, se trata de profesiones que conllevan una gran carga de responsabilidad y para solventarlas se requieren bastante conocimientos. Por ello, el legislador estipuló las normas más generales de su comportamiento, mismas que deben garantizar al cliente cierto tipo de conducta; es decir, actualmente el profesional tiene la obligación de conocer profundamente su materia, pero también contar con una clara inclinación o vocación que le permita darle seguimiento a su trabajo. Ello implica la forma de ser, de pensar y el modus vivendi de un verdadero profesional.

 

 

2.3         CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LAS PROFESIONES


                Entre las características que distinguen las profesionales liberales de las otras actividades, pueden apuntarse:

 

2.3.1      CARÁCTER INTELECTUAL, CIENTÍFICO Y HUMANISTA DE LAS PROFESIONES


                Las profesiones liberales se caracterizan de aquellas que no lo son, en que su ejercicio se apoya en un esfuerzo intelectual constante por aprender y estudiar. En casi todas ellas hay que prepararse en un institución universitaria durante cinco o seis años y practicar algunos más. Las profesiones se ejercen aplicando diversos conocimientos que conducen a tomar las decisiones más convenientes para la resolución de variados y complejos asuntos o problemas.

 

                A)                La universidad: un método

                Cuando se habla de un profesional, intrínsecamente y de modo inmediato se alude a los estudios universitarios del mismo, los cuales suelen ser prolongados y exhaustivos, por lo que el individuo con este grado académico es común su disciplina, su amor al estudio y al conocimiento de las ciencias. No hay profesional sin universidad, pero tampoco existe universidad que no forme auténticos profesionales, aquellos que muestren un espíritu constantemente inclinado al estudio y a la investigación. Las universidades, a diferencia de otros centros de estudio, se distinguen por fomentar este espíritu inquieto y ávido de asimilar y crear nuevos conocimientos; son instituciones donde se descubren y verifican las realidades ocultas de la naturaleza o de la sociedad.

 

                Las historia de las ciencias muestra que las universidades son espacios en los cuales se ha desarrollado la investigación y por ende grandes e importantes descubrimientos; son lugares donde los estudiantes desarrollan su vocación a través del aprendizaje no de datos aislados o una serie de fórmulas o leyes repetidas, sino de la aplicación de un método (que llamamos científico) que consiste, entre otras particularidades, en aprender a observar, en descubrir con paciencia, en experimentar por uno mismo, en adentrarse por nuevos caminos del conocimiento. No se trata de que los alumnos de derecho, por ejemplo, memoricen las leyes y los códigos; pues es de todos conocido con qué rapidez varían año con año. Además, la memoria es frágil y de forma natural se olvidan datos si éstos no se repasan. El método universitario consiste entonces en “enseñar a aprender”, a consultar libros y revistas científicos, a mirar con lente crítico la realidad, a descubrir soluciones prácticas e investigar a fondo las materias que a uno le interesan, a cultivar la sana ambición de conocer y manejar la más reciente información, a emplear nuevos recursos, a explotar caminos inéditos.

 

                B)            El Humanismo

                El carácter intelectual de los profesionales, por razón de origen y costumbre, no abarca únicamente tópicos de índole científico y técnico; comprende también, y de manera muy especial, el ámbito humanista e que aquél se desarrolla. Lo hace en derredor de gremios cuya tradición busca, por una parte, no el conocimiento exclusivista y encasillado de la especialización, sino el universal; por otro lado, y bajo cualquier circunstancia, pretende poner en práctica valores como la paciencia, la conmiseración, la liberalidad, la justicia y la armonía social.

 

                Gracias al humanismo, al conocimiento universal; gracias a las continuas muestras de sensibilidad y solidaridad del hombre, es claro por qué el primer objetivo fundamental en el ejercicio de una profesión lo integren la compasión y el servicio a la comunidad. Lo anterior significa que la aplicación de conocimientos por parte de un profesional, no va en función del logro de un negocio, sino de prestar un servicio social a favor de una persona o un grupo de ellas que lo necesite.

 

2.3.2         CONSTANCIA Y PERMANENCIA


                Según la historia, de un núcleo reducido de oficios se fueron desgajando otros, muchos más, hasta crearse lo que hoy día conocemos como profesiones, las cuales se han multiplicado y continúan haciéndolo debido a que la gama de conocimientos también se ha extendido, luego especializado y, finalmente, independizado de aquellos que le dieron origen. En la antigüedad quedó el tiempo de la improvisación y del trabajo intermitente, características suplantadas y mejoradas por la permanencia y la continuidad en las diferentes actividades. No se habla más del viejo adagio que reza: “aprendiz de todo y oficial de nada”.

 

                No se olvide que la permanencia en la profesión se nutre del conocimiento; éste a su vez crece constantemente, se reproduce y se renueva. Por lo mismo, hay que estar atentos a los cambios, a los avances y a las innovaciones que se suceden en cada uno de nuestros círculos de acción.

 

                Como consecuencia de lo anterior, el horizonte de posibilidades labores se ha abierto de manera progresiva. Un médico puede dedicarse a la psiquiatría, a la neumología, a la ginecología, a la ingeniería genética, etc. De igual manera, el abogado, una vez termine su formación, puede inclinarse a la especialización de su profesión y dedicarse al derecho penal, al derecho mercantil, al derecho civil, al derecho procesal, etc. Pero podría pensarse que estas especialidades no provienen de un tronco común, pero sin embargo lo hacen como lo son el derecho y la justicia procurando bienestar a las personas que se les aplica. Para tal fin es pues indispensable la constancia, dedicación y permanencia en la profesión.

 

2.3.3       VOCACIÓN PROFESIONAL DEL SERVICIO


                Cuando se habla de vocación profesional de servicio nos referimos a la presencia en el individuo de una compleja red de presiones, motivaciones, aspiraciones y decisiones de tipo cultural, social, económico y, sobre todo, psicológico que nos vemos obligados a manejar casi a diario.

 

                El problema de la vocación profesional es áspero, difícil, ya que en él influyen y confluyen muchos factores. Por ello se enfocará sólo desde tres perspectivas, las más objetivas, esto es tomando en cuenta el conocimiento en sí de la profesión, la capacidad de ejercerla y el gusto por practicarla.

 

                Cuando una persona se inclina por cierta profesión o están claramente delineadas sus aptitudes para el desempeño de la misma, su estudio y ejercicio se facilitan. Así se dirá que el médico tiene “ojo clínico”, que el abogado “tiene “criterio jurídico”, entre otros.

 

                Por eso es acertado que los estudiantes de bachillerato tomen un curso de orientación vocacional y, en su caso, se les practique un análisis psicomotivacional, de tal forma que con uno y con otro se definen gustos y preferencias respecto de las profesiones liberales, exponiéndoles las amplísimas actividades de todas ellas. Esta información es el fundamento para que al bachiller se le abra el horizonte y las posibilidades del quehacer profesional.

 

2.3.4        INDEPENDENCIA Y LIBERTAD DE CONTRATACIÓN


                Una de las características más distintivas de las profesiones es la independencia de criterio que aportan la experiencia y el dominio de una materia. El conocimiento teórico y práctico de una profesión, con el tiempo crea un estilo, una forma muy personal de visualizar los problemas y ejecutar las acciones para resolverlos.

 

                No puede ser de otra manera, cuando se domina una disciplina se revela también una libertad de operación casi ilimitada. Bajo esa tónica, un ingeniero capaz no requiere de consejos, puesto que sabe y reconoce de antemano la resistencia, ductibilidad, durabilidad y aun el costo de los materiales con que se trabaja en el campo de la construcción. El verdadero profesional, el que disfruta de su actividad, aplica sus conocimientos con seguridad y con alto grado de ética.

 

                Complemento de lo anterior, es el papel de consejero o asesor que ejerce todo profesional con criterio independiente e imparcial para con clientes, empleados y compañeros de trabajo. Sin embargo, el crecimiento de las empresas e inclusive de dependencias del gobierno ha traído consigo el cambio de profesionales a asalariados; de ser antes asesores y hombres libres con criterio y con posibilidad de dejarse llevar por su creatividad, ahora portan la etiqueta de técnicos encasillados que pronto pierden el carácter humanitario. Lo anterior se comprende cuando las personas se ven obligadas a desempeñar un trabajo mecánico, rutinario, reiterativo, por medio del cual se dedican a atender necesidades masivas, mismas que casi siempre están previamente estipuladas, de tal manera que su capacidad de iniciativa y de asesoría se ven mermadas.

 

                Otro sin duda es el enfoque que se refiere a la relación y contratación individual delos servicios de un profesional. Por lo general sus emolumentos son por honorarios, es decir retribuciones que se pactan por la calidad de una obra o servicio determinados, o bien están reguladas a través de un arancel oficial.

 

                En este sentido, el auténtico profesional actúa bajo las mismas circunstancias de trabajo que los competidores, ofreciendo servicios o productos en un mercado donde el prestigio, conocimientos, eficiencia y costo son elementos indispensables para atraer o alejar al cliente o consumidor. En cuanto a los aranceles, que el neoliberalismo se empeña en quitar, su aplicación tiene una doble finalidad: por una parte que al profesional no le permita mostrarse desleal con sus colegas al pactar honorarios menores de lo estipulado, lo que propiciaría granjearse a la clientela de una manera poco ética; y por otra evitar, donde haya escasez de profesionales y poca competencia entre ellos, los efectos del monopolio, defendiendo así a la clientela contra el cobro desorbitado.

 

                En resumen, al estipular sus honorarios, los profesionales se deben guiar por una tasa fijada en un arancel, y a falta de éste pactar dichos honorarios tomando en cuenta factores objetivos de apoyo como el grado de especialización, estudios necesarios y recursos técnicos utilizados, así como otros de carácter subjetivo como el prestigio y el humanismo.

 

2.3.5         LA TRADICIÓN


                Quienes analizan las características singulares de las profesiones que se dicen liberales (como la medicina, la ingeniería, la abogacía, la sociología, la arquitectura, etc.) pronto se dan cuenta que son ciencias con larga trayectoria histórica. Su ámbito de estudio data de tiempo antiguo y el cúmulo de conocimientos se va almacenando a lo largo de los años. La conjunción de esos conocimientos abstractos y científicos se ha convertido, al paso del tiempo y de innumerables generaciones, en nuestra herencia, reflejada en costumbres, ritos de iniciación, ceremonias, logotipos e insignias, niveles de profesionalización, actitudes, hábitos, reglamentos, vestimentas especiales (togas, batas, birretes, uniformes), así como festividades gremiales y religiosas. Sobra decir que sobre esas particularidades no se presenta la idea funcional de la profesión, pero sí ayuda a la comunicación y transmisión por donde fluye gran cantidad de información académica, técnica y práctica que de otra manera sería difícil asimilar.

 

2.3.6       COLEGIACIÓN


                Las profesiones nacen bajo la tutela universitaria; de hecho son parte de ella por cuanto el personal académico, con su experiencia y conocimientos, aconseja a sus respectivas instituciones acerca del tipo y contenido de las materias que en su seno deben impartirse. También la integran quienes, desde los diferentes centros de estudio especializado, contribuyen al avance de las ciencias y la tecnología a través de diversas investigaciones, dedicando tiempo y disciplina a nuevas tecnologías a través de diversas investigaciones, dedicando tiempo y disciplina a nuevas teorías y métodos de experimentación, así como a capacitarse y actualizarse por medio de las distintas modalidades de posgrado que hoy día se conocen. En otras palabras: si la universidad ha formado desde el medievo claustros de profesores, a su imagen los profesionales de nuestra época han constituido sus propios colegios, sociedades, asociaciones y otros centros de conocimiento cuyo origen proviene de la tradición.

 

                Los Colegios tienen algunas funciones importantes a desempeñar. El Colegio de abogados, como el de notarios, como el de médicos, además de contar con una antigüedad, son prueba de cómo las instituciones deben adaptarse a las circunstancias para cumplir con sus propósitos y sobrevivir al tiempo; asimismo, no sólo se han constituido en receptáculos y depositarios de las modificaciones que paulatinamente sufre el ejercicio profesional, sino también en testigos del devenir histórico de la profesión en muchas partes del mundo.

 

                En tales entidades se formula y se actualiza el padrón de profesionales de la disciplina, se discuten y proponen los aranceles que es menester determinar, así como los cambios que a menudo se presentan en las profesiones, a fin de someter a la consideración de las autoridades universitarias las modificaciones curriculares pertinentes. Es importante resaltar la labor mediadora que realizan entre profesionales y clientes, cuando los primeros se inconforman por un trabajo inconcluso o mal realizado; esa misma gestión arbitral la efectúan con los abogados que por múltiples razones litigan entre sí: por hacerse deslealmente de la clientela, por expresarse en contra de la buena fama de un compañero, por injuriarlo, etc. No está demás el papel de asesoría que ejercen estas asociaciones cuando dictaminan qué nuevos procedimientos no han sido aún bien experimentados para permitir su introducción en el mercado, mantener comunicación con el gobierno, con el objeto de asesorarlo en lo que se refiere a la gama de contratos, precios, tecnología que intercambian las naciones.

 

                Por otra parte, también deben valer para que sus miembros actualicen sus conocimientos, en diversos foros y niveles, con conferencistas que proporcionan el conocimientos actualizado. Además, en muchos colegios se cuenta con un código de conducta y moralidad bien definidos acerca de la materia que manejan, de esto que en algunos países no se permita el ejercicio de la profesión fuera de los mismos. En general, sirven también como organizaciones de defensa de la profesión.

 

2.3.7        NIVEL PROFESIONAL


                En vista que el profesional se ha esforzado durante largos años estudiando y después especializándose en su ramo y habida cuenta de que también debe mantenerse enterado de nuevos métodos, información, evolución que experimenta la profesión, por lógica aumenta poco a poco. Se necesita entonces, también, material y recursos tecnológicos que mantengan el nivel de profesionalidad aceptable, así como la renovación de su consultorio, despacho o cualquier otro lugar en donde desarrolla su muy particular actividad. Elementos como libros, revistas, computadoras y materiales varios para cumplir con su función son costosos.  De esto que la gente vea justa una retribución al profesional de acuerdo a sus aptitudes, responsabilidad y prestigio, pues quién no ve el trabajo intelectual que esto supone.

 

 

Nota: PÉREZ FERNÁNDEZ DEL CASTILLO, Bernardo, Deontología jurídica. Ética del abogado, Ed. Porrúa, 5ª ed., México 2000, págs. 19 a 40.

Por agarcia - Publicado en: Deontología Jurídica
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Tuesday 18 august 2 18 /08 /Ago 00:03

DEONTOLOGÍA JURÍDICA

 

TEMA I

DEONTOLOGÍA Y NORMAS MORALES

 

 

1.1       Introducción

1.2       Necesidad del estudio de la deontología

1.3       Necesidad de una deontología jurídica

1.4       Definición de ética y moral

1.5       El acto moral

1.6       Normas morales

 

 

1.1            INTRODUCCIÓN

                Deontología proviene del vocablo griego deon, deber, y logos, razonamiento o ciencia. La deontología se refiere a los deberes que cada persona tiene consigo misma y con los demás; por tanto hay diferencia con el término ontología en cuanto que éste significa estudio del ser, y deontología estudio del deber ser. Por su parte, el diccionario de Real Academia de la Lengua define el término como la “Ciencia o tratado de los deberes”.

 

                La influencia sobre círculos de personas y culturas ha venido a definir a la deontología como “la ciencia que estudia el conjunto de los deberes morales, éticos y jurídicos con que debe ejercerse una profesión liberal determinada”, de esta forma se satisface cualquier tipo de expresión o sentido axiológico. Es decir, así sería correcto hablar de una deontología del médico, deontología del maestro, deontología del abogado, etc., así, se puede establecer entonces un código de conducta bajo el cual tiene obligación de actuar el profesional que se desempeña en el ámbito de esas ciencias.

 

                Sin embargo, en nuestro caso, la deontología se nutre principalmente de dos términos: el derecho y la moral.

 

                Nuestro derecho mexicano se nutre de ordenamientos positivos que van desde el art. 5 de la Constitución hasta la Ley de Profesiones y su Reglamento, pasando por el Código Civil y Penal, la Ley Orgánica del Tribunal Superior de Justicia, la ley del Notariado, la de Servidores Públicos, y otras más. Pero no bastan estas normas y se debe complementar con principios éticos y valores pertinentes en cada profesión, tales como la justicia, la equidad, la verdad, el bien común, y otros, los cuales harían de caminos que permitieran desempeñarlas con aceptación y honra sociales.

 

                El ejemplo clásico sería el secreto profesional, que es un deber deontológico de toda profesión. Al faltar al secreto se dejan de respetar valores  como la lealtad y la justicia. También se puede cometer el delito de “Revelación de Secreto Profesional” tipificado en el Código Penal y se viola lo dispuesto en el Código Civil y en la Ley de Profesiones.

 

 

1.2             NECESIDAD DEL ESTUDIO DE LA DEONTOLOGÍA

                Fuera de resultar un discurso aburrido y desfasado de la realidad, la deontología se halla ligada, por un lado, al derecho, ya que la ley positiva regula algunos aspectos, aunque sean mínimos, de la actuación de ciertas profesiones, y por otro a la moral.

 

 

1.3             NECESIDAD DE UNA DEONTOLOGÍA JURÍDICA

                La aplicación de las normas deontológicas es hoy día indispensable en el quehacer cotidiano del hombre, pero sobre todo en aquellas que desarrolla el jurista, que si bien ejerce una profesión humanista con altos valores éticos como la justicia, la equidad, la lealtad, la verdad y la seguridad jurídica, es común que de él se diga, de entre el vox populi, frases lapidarias como: “Dios libre a esta casa de abogados”, “Ojalá nunca tenga que caer en manos de un abogado”, “Abogángster”, y muchas otras. Es claro que muchas veces las expresiones son injustas, pues muchos pseudoprofesionales del derecho, denominados con bien ganado sarcasmo “leguleyos”, “picapleitos”, “coyotes”, “simuladores”, “tinterillos”, etc., se ostentan como abogados sin serlo y han desprestigiado a la noble actividad.

 

                Por esas razones, y otras, es importante fomentar y poner en práctica las normas deontológicas en cualquier ámbito social o del conocimiento en que nos desenvolvamos, de manera especial entre estudiantes y profesionales del derecho, a fin de que sean practicables y se conviertan en una exigencia, tal como lo demanda nuestro tiempo y necesita nuestra sociedad.

 

 

1.4             DEFINICIÓN DE ÉTICA Y MORAL

                La moral es el “conjunto de normas autónomas e interiores que regulan la actuación del hombre en relación con el bien y el mal”.

E epistemología

                Los términos “ética” y “moral” provienen de los griegos y romanos, padres de nuestra cultura occidental; amos se identificaban con el sentido con que se conocía a la palabra “costumbre”. Pertenecen a ese escaso grupo de vocablos que desde antiguo conservan más o menos el significado que ahora les damos.

 

1.5     EL ACTO MORAL

                No es posible entender a la ética y a la moral si en su concepción no se consideran tres elementos fundamentales en el ser humano: la conciencia moral, la libertad y la voluntad.

 

                Lo anterior hace necesario diferenciar también lo que significan los conceptos: acto del hombre y acto humano.

El acto humano es aquel en que interviene la capacidad de reflexión del individuo, es decir, su inteligencia, su libertad y su voluntad; en acciones como trabajar, realizar deporte, estudiar, y muchas otras. En cambio los actos del hombre, no obstante que él también participa en ellos, los lleva a cabo en forma automática, mecánica. En otras palabras...

 

...leer, escribir, trabajar, comer, etc., son ordinariamente actos humanos, porque se ejecutan de un modo consciente y voluntario. Por el contrario, los actos ejecutados durante el sueño o distraídamente, los actos mecánicos o automáticos (como caminar), son típicamente actos del hombre.

Hay que tener en cuenta que un mismo acto puede ser humano, en unas circunstancias, y del hombre, en otras. Por ejemplo, ordinariamente la respiración es un acto del hombre, pero en un atleta, que realiza ejercicios conscientes y voluntarios de respiración, este acto se convierte en humano. Vid. GUTIÉRREZ SÁENZ, Raúl, Introducción a la ética, Ed. Esfinge, 27ª ed., México 1995, pág. 54.

 

                Los actos humanos pueden ser buenos o malos, pero los actos del hombre son amorales porque no existe en éstos un juicio de valoración o libertad de acción; por ejemplo, de las funciones digestivas de nuestro cuerpo o los movimientos que hace uno dormido.

 

                En los actos humanos se presenta una conducta volitiva que no es otra cosa que la conciencia moral del individuo y la libre decisión, quien cuando se conduce de esta manera discierne entre el bien o el mal, o sea si su proceder va de acuerdo a los valores preexistentes en él. Por eso, si un enajenado mental roba, no se considera inmoral sino amoral. Tampoco se le puede acusar de un delito, pues no tienen conciencia.

 

                El ámbito jurídico tampoco escapa a este tipo de juicio. Por ejemplo, es obvio que tergiversar o extraviar deliberadamente una sentencia por medio del cohecho es injusto, esto es, va en contra del valor denominado justicia, de la rectitud, de la integridad de cualquier juez o abogado. Esta valoración nace de la conciencia que cualquier persona tiene de lo que es o no justo.

 

                La conciencia moral y el juicio valor de lo bueno y de lo malo… ¿de dónde vienen? Seguramente responderíamos, en primer lugar, que cualquier individuo, a través del uso de su razonamiento natural, desarrolla ciertas convicciones ya implícitas en él; de este modo se habla de los derechos del hombre, aquellos que reconoce cualquier sociedad civilizada, independientemente de la raza, sexo o religión de las personas (Ley Moral Natural). En segundo término en la educación, incluso de la proveniente de las tradiciones aceptadas en nuestro medio, es decir, de las costumbres. En tercer lugar, en las convicciones que por propio razonamiento hemos hecho nuestras.

 

                Otro elemento que interviene en el surgimiento del acto moral es la voluntad, es decir la decisión libre de hacer algo. Esto significa que el ejercicio del libre albedrío es indispensable en la actuación del individuo, pues actuar bajo la fuerza física o intelectual su conducta ya no representa un acto humano sino del hombre.

 

 

1.6             NORMAS MORALES

                Por las características esenciales de las normas morales comparadas con otras, podemos decir que estas son autónomas, pues nosotros somos los que las aceptamos, a diferencia del derecho, de los convencionalismos sociales o de la religión, en donde dichas normas nos son impuestas o por un poder legislativo (jurídicas), por un grupo social (convencionalismos) o por una institución (religiosas), iglesia o secta en la que una persona cree o asiste. La autonomía va relacionada, entonces, con la conciencia moral, que pudo haber sido formada por la tradición, la convicción o el reconocimiento de nuestra propia naturaleza.

 

                Las normas morales también son internas, esto es cuando la intencionalidad adquiere más importancia que los resultados, al contrario de las normas jurídicas y los convencionalismos sociales que son externas.

 

                Finalmente las normas morales no son coactivas, o sea que no se ejercerá ninguna sanción más que el propio reproche si no llegan a cumplirse. Si lo fueran, de manera automática se convertirían en jurídicas. Así, por ejemplo, desde una perspectiva puramente moral solemos llamar la atención a alguien a propósito de una conducta reprobable, pero sin que tal persona reciba un castigo. Por el contrario, con la norma jurídica es factible que se aplique una pena que incluso lleve al ofensor a la prisión. Así un hombre que cumple con las normas jurídicas es un buen ciudadano, sin embargo interiormente podría ser un inmoral o un perverso.

 

                En resumen las normas morales buscan el bien, las jurídicas la justicia, los convencionalismos sociales la convivencia, las religiosas el bien absoluto que es Dios.

 

 

Nota: PÉREZ FERNÁNDEZ DEL CASTILLO, Bernardo, Deontología jurídica. Ética del abogado, Ed. Porrúa, 15ª ed. México 2008, págs. 5 a 16.

Por agarcia - Publicado en: Deontología Jurídica
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